Hoy celebro ser mujer, celebro mis derechos conquistados por mis antepasadas, y también conmemoro para no olvidar a las que lucharon por ello, para no olvidar que no siempre los tuve.
Hoy invito a seguir luchando por un mundo en equidad, que no es lo mismo que igualdad ni debe serlo jamás.
Invito a reconocer y amar nuestras diferencias, a no luchar contra los roles de género sino a construir roles que puedan ser habitados con dignidad, y abrazar amorosamente el rol de cada quien.
Hoy que las mujeres gritan las invito a que también callen, para que así podamos observar y escuchar a nuestros compañeros, a los que dejamos de escuchar hace tanto tiempo. Las invito a escuchar que ellos también sufren violencias, las invito a reconocer que muchas de esas violencias las estamos causando nosotras. Las invito a aceptar con gratitud y respeto el gesto noble de su cariño, la rosa, el chocolate, la canción y el peluche, las palabras que no tienen la profundidad crítica requerida, pero son el gesto mas honesto de su cariño. Las invito a dejarse conmover, no olviden que también ellos llevan pocas décadas aprendiendo a dar afecto.
Hoy invito a las mujeres a reconocer que la violencia contra la mujer también la ejercemos nosotras. A dejar de llamarnos unas a otras putas, busconas (y respetar nuestro propio derecho al placer) estúpidas, ignorantes, (y dejar de reforzar la idea de que lo somos) zorras, trepadoras (cuando vemos a otra ser grande, ser libre, triunfar), flaca, gorda, fea, guisa (como forma totalmente innecesaria de reafirmar nuestra propia belleza). A dejar de matarnos entre nosotras, ya que tantas veces a gritos hemos promulgado que no sólo los golpes hieren y matan.
Las invito a caminar de la mano de ellos, nuestros maravillosos compañeros de viaje, ellos que donde se juntan dos o tres dan ejemplo de hermandad, de solidaridad y de fraternidad. Que cuando se caen se levantan y cuando nos ven caer nos impulsan a hacer lo mismo. Que si sabemos luchar lo aprendimos de observarlos a ellos durante siglos. Que son guerreros pero a la vez son capaces del placer, de la risa y del encanto de la vida. Que viven la vida con liviandad,que tienen disponible el juego, que aprendieron a perdonar, a pasar por alto, a no se tomarse tan a pecho las cosas, a que todo pasa y que olvidar también es sanador, y que no arman un drama cada media hora. Con respeto y admiración ¡tenemos tanto que aprender y agradecer de ellos!
Las invito a trabajar de la mano por reducir todas las violencias de género (y no sólo la machista). Y a que la lucha por la equidad de género no se siga convirtiendo en una carrera de odio visceral contra el falo-teniente, sino que sea un tejido de amor donde todos y todas tengamos reconocimiento, valor, poder y dignidad.
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