Es una cuestión elemental, para la convivencia pacífica entre humanos deben existir normas sociales acordadas, en las cuales todas las partes involucradas cedan un poco sus privilegios. El feminismo no tiene ni de lejos la intención de ceder en nada, ni siquiera el privilegio de tener siempre la razón.
Comienzo esta entrada haciendo algunas aclaraciones: conozco la historia del movimiento feminista, y como mujer, reconozco que cada uno de mis derechos como ciudadana, y muchos de mis derechos como ser humano, se los debo a las feministas que durante décadas lucharon para que esto fuera posible.
Sin embargo, estamos en un momento histórico que nos exige como humanidad replantearnos muchas ideas que venimos portando como ciertas sin someterlas nunca a ningún filtro de razón.
Que las mujeres seamos vulneradas, violentadas, oprimidas, explotadas, desconocidas, es una realidad que si, existe, pero lo hace paralelamente con otras realidades: la mujer oprimida coexiste con la mujer autónoma e independiente, y se quiera o no, coexiste con el hombre maltratado por la mujer (y no por el fantasma del patriarcado).
Hablar de la violencia hacia los hombres es un tema tabú. Las mas "openmind" de las feministas se han aventurado a reconoccer las violencias de género que sufren los hombres, siempre y cuando estas puedan ser achacadaas a la mano invisible del fantasmagórico patriarcado. Y lo mas confuso del asunto es que muchos hombres se han tragado el cuento enterito y sin masticar, y vemos ahora "hombres feministas". Yo les pregunto a esos hombres ¿que hay acerca de sus congéneres, o de ustedes mismos, cuando sufren violencias por parte de las mujeres? ¿que hay cuando la "discriminación positiva" a favor de las mujeres se convierte para ustedes en discriminación negativa y en exclusión?
"La guerra de los sexos", un concepto surgido en las últimas décadas del siglo XX, se ha convertido cada vez más en eso mismo: en guerra. Porque en contraposición a esos "hombres feministas" han surgido también movimientos de hombres que abogan por los derechos de los hombres, hombres que empezaron a decir ¡basta ya! cuando sintieron que la balanza de la "igualdad", tan abanderada aún por el feminismo, no era tan equilibrada y comenzaba a inclinarse hacia el otro lado. Hombres que en un mundo "feministizado" han llegado a ser tildados como "grupos de odio" por atreverse a hablar de sus derechos.
Y finalmente, en ese mismo mundo existimos las mujeres que decimos fuerte y claro: "yo no soy feminista". Cada vez somos más y estamos muy lejos de ser "mujeres desempoderadas, ignorantes, y cegadas por el machismo, que necesitamos la protección de nuestras hermanas feministas y su condesendencia", tal como una vez lo leí en el blog de una feminista. No. Somos mujeres tan diversas como lo son las mujeres del mundo: trabajadoras, maestras, empleadas, profesionales, comerciantes, empresarias, madres, casadas, solteras, sin hijos, hetero, bi, lesbianas, trans... somos simplemente mujeres.
Y yo soy una de ellas, de las que cree que el feminismo de hoy, del siglo XXI, no me representa. No quiero vivir en un mundo en que sigamos divididos en una guerra de sexos, porque creo en la integralidad mas que en la división. porque creo que los derechos que merecen protección son los de todas las personas, no sólo los de nosotras, porque amo a los hombres, a mis familiares, a mis amigos, y veo en todas sus historias marcas de violencias que nunca han sido reconocidas, porque no creo que las mujeres alcancemos la equidad de derechos que nos hace falta comportándonos como sus peores enemigas, sembrando rabia o luciendo ridículas, sino discutiendo formas de vivir en armonía... ¡así tengamos que ceder!
Es una cuestión elemental, para la convivencia pacífica entre humanos deben existir normas sociales acordadas, en las cuales todas las partes involucradas cedan un poco sus privilegios. El feminismo no tiene ni de lejos la intención de ceder en nada, ni siquiera el privilegio de tener siempre la razón. Por el contrario, han instalado el "ser feminista" como la única forma de ser políticamente correcta, y muchas feministas te gritan en la cara que si no eres feminista eres machista y eres enemiga de los derechos de la mujer, que cómo puedes ser no feminista si tienes un coño, y se vuelven contra tí como fieras, evidenciando qué poco aplica la "sororidad" hacia mujeres que piensan diferente. Se comportan casi como fanáticas de una secta, a la cual deberíamos todos pertenecer, a la cual yo como mujer, con todo y mi coño, no quiero pertenecer.
Creo que alguien debería recordarles a las feministas radicales (que además se ufanan de su radicalismo) que a través de la historia de la humanidad, todas las ideologías llevadas al extremo han terminado mal. Que cualquier "ismo" puede terminar en "fascismo" si no se somete su fundamentalismo a un filtro de razón, si no se cuestiona su purismo de cara a la integralidad armónica y respetuosa que sería (debería ser) nuestro norte como especie.
La invitación señoras y señoritas feministas, es a utilizar toda la belleza de la cual somos capaces como mujeres para transformar las relaciones humanas en relaciones armónicas y equitativas. A incluir a los hombres en nuestras prácticas amorosas, a invitarlos a sanar las heridas que ellos también tienen en nuestros espacios de sanación. A reconocer que como humanas la cagamos, y también somos injustas, violentas, crueles, y nos estamos escudando en la ley para serlo. A ceder con humildad. A dejar de construir violencias.
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